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| viernes, 28 de noviembre de 2008 | ||
Sonidos para la integraciónEs el lenguaje universal por excelencia, capaz de superar prejuicios y fronteras. Varios colectivos se han dado cuenta del poder de la música para unir culturas y lo utilizan como principal arma de lucha contra la exclusión. A través de sus melodías, consiguen lo que la sociedad por si sola no es capaz de hacer: favorecer el intercambio y enriquecer nuestras vidas Sábado por la tarde. Una pizarra en blanco, un sintetizador, un micrófono y un espacio para bailar esperan la llegada de los inmigrantes y vecinos del barrio, que se van acercando poco a poco. El Rapeadero de Lavapiés se despereza a ritmo de hip hop. El encargado de dinamizarlo, Carlos Laguna, más conocido como Carlitoswey, pregunta a los chicos sobre sus inquietudes, les provoca, les anima a ser rebeldes y a expresar lo que sienten a través de la música. Estos jóvenes han aprendido a componer y rapear, han rabado un disco y han actuado en lugares como el Saints Row 2 Hip Hop Festival de Lavapiés. “En vez de la violencia, nosotros les animamos a que usen el arma poderosa y masiva que es la música para expresarse y defenderse”, explica Carlitoswey. Éste es sólo un ejemplo de cómo la música puede ayudar a inmigrantes a mostrar su cultura, compartir opiniones, conocer gente... en definitiva, a integrarse y sentirse mejor en el país donde les ha tocado vivir. Escuelas, centros culturales, ONG y entidades de todo tipo están lanzando proyectos donde música e inmigración trabajan juntas para mejorar la calidad de vida de muchas personas, pero ¿a qué se debe este boom? Actualmente residen en España un total de 4.169.086 extranjeros, de los cuales 1.674.661 son europeos y 2.487.322 provienen de fuera de Europa. Marroquíes, rumanos, ecuatorianos y colombianos son los colectivos más numerosos, seguidos de los peruanos, los portugueses, los chinos y los bolivianos. De todos ellos, el grupo de edad comprendido entre los 16 y 64 años es el más numeroso. Ésta es, precisamente, la edad en que la música tiene más presencia en sus vidas, sobre todo en la de los adolescentes y jóvenes. “Para ellos la música es un vehículo de comunicación, de integración con los iguales y de elaboración de la propia personalidad, de diferenciación e identificación, además de ser la gran protagonista de sus tiempos de ocio y diversión”, explican responsables de Psicólogos Sin Fronteras. Precisamente esta entidad sin ánimo de lucro ha puesto en marcha con jóvenes de Torrejón de Ardoz y Madrid el proyecto Educar en otra onda. Se trata de una serie de actividades escolares y extraescolares que, a través de la música, intentan concienciar sobre temas sociales como la inmigración y favorecer la comunicación y el respeto por las diferentes ideas. La eliminación de prejuicios, el fomento del diálogo y la búsqueda de nuevas actitudes que mejoren el día a día de los jóvenes son algunos de sus logros. Al son de una nana Consciente del poder de la música para unir culturas, el cantautor Pedro Guerra creó en 2005 la Fundación Contamíname, una plataforma de expresión para artistas de diferentes países que viven ahora en España. Aparte de publicar librosdisco como Música y Desarraigo, con muestras de la música tradicional de la Costa Pacífica Colombiana, la fundación acaba de estrenar el espectáculo Global Perfussion. Se trata de una gira de conciertos que reúne a 15 percusionistas venidos de países como Colombia, Senegal, India, .
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