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jueves, 28 de febrero de 2008

Talento en exilio

The Sunday Drivers actuaban en las principales televisiones francesas mientras en España a nadie le sonaba su nombre. La Quinta Estación hacía una extensa gira en México y EE.UU. cuando en nuestras radios aún no se les escuchaba. Blanca Li estudió danza en las mejores escuelas de Nueva York y ha desarrollado casi toda su carrera en Francia, donde creó su propio Centro Coreográfico. Calixto Bieito triunfó en los escenarios europeos antes de ser reconocido como uno de los mejores dramaturgos de nuestro país... Todos ellos fueron valorados antes fuera que dentro de nuestras fronteras, protagonizando una insólita  imigración de creatividad.

“La gente nos pregunta si le guardamos rencor a España por no haber valorado nuestra música y haber tenido que ‘emigrar’ a México”, señala Pablo Domínguez, bajista y guitarrista de La Quinta Estación. “Muchos se cabrean -prosigue el músico- y piensan: ¿Pero por qué tuvieron que irse estos chavales cuando aquí les podría ir genial? Pero nosotros estamos muy contentos de estar aquí, creo que nos ha permitido coger mucha más fuerza y tablas. Quién sabe si  existiríamos aún si no nos hubiéramos ido”, sentencia Pablo Domínguez, uno de los tres miembros del grupo a quien, por “casualidades de la vida”, llamaron un día desde México. “Les había llegado nuestra maqueta, les gustó y, en cuestión de cuatro meses, estábamos allí viviendo y con el disco grabado”, afirma. El bombazo fue tremendo. Y el choque cultural también, ya que les costó muchísimo adaptarse a la ciudad, a la lengua y a las costumbres del nuevo país. Tuvieron que pasar muchos meses y dos discos para empezar a sonar en España, pero la gente no empezó a conocerlos hasta que lanzaron El mundo se equivoca. “Ahora llevamos más de 200.000 discos vendidos aquí, ¡una locura!”, exclama.

Algo parecido les pasó a los toledanos The Sunday Drivers, un grupo de indie-pop cuyo golpe de suerte llegó en el Festival de Benicàssim de 2004. Su actuación fue la favorita de uno de los organizadores del Festival Transmusicales de Rennes, quien les invitó a participar en él. Al mismo tiempo, les descubrió un importante cazatalentos que les llevó a firmar un contrato con el sello francés Naif Records. “Nuestro single On my mind fue un superéxito y de repente nos llamaron de las mejores radios y televisiones del país, ¡no podíamos creérnoslo!”, explica Lyndon Parish, uno de los miembros de la banda. Cuando, al cabo de unos meses, hicieron un concierto en Grecia y vieron a 15.000 personas cantando su canción; no daban crédito. En España, en cambio, tuvieron que esperar a que saliera su último disco Tiny Telephone y que los ficharan para un anuncio y una serie de televisión para darse a conocer. Los casos de La Quinta Estación y The Sunday Drivers no son fenómenos aislados. En nuestro país cada vez son más los músicos, bailarines, cineastas y dramaturgos que han de emigrar para ser reconocidos.

 

¿Estamos asistiendo a una fuga de talentos? Ni los autores ni los expertos están de acuerdo, aunque reconocen que en algunas disciplinas el exilio es casi obligatorio. Es el caso de la danza. Joaquín Cortés, Blanca Li, Sara Baras, y Aida Gómez son sólo algunos ejemplos de bailarines y coreógrafos que un día tuvieron que dejar España para ejercer su profesión. “En la danza clásica y en la contemporánea es donde más sucede -explica Ana López, antigua bailarina del Ballet Nacional de España y coordinadora del Taller Coreográfico del Real Conservatorio profesional de Danza- Prácticamente no existen compañías de danza estables en España, por eso la única salida que los jóvenes bailarines tienen muchas veces es irse al extranjero. Por un lado es positivo para ellos pero, por otro, es muy triste y algo que las instituciones deberían valorar”, afirma. Los bailaores de flamenco también hallan una salida en países como Francia, Japón o China, donde esta disciplina está teniendo un éxito increíble. Testigo de ello es Mª Cruz Alonso, directora de la SGAE Asia Pacífico. “Tanto la danza como la música se pueden expresar en cualquier parte del mundo se hable el idioma que se hable, por eso es más fácil que estos artistas lo tengan más fácil para tener éxito fuera de nuestro país”, explica. “En China, por ejemplo, lo que más conocen es el flamenco, que les entusiasma en todas sus variantes; y el cine español, encabezado por Almodóvar, al que los jóvenes chinos tienen verdadera adoración”.


Diáspora de cineastas

Almodóvar es reconocido tanto dentro como fuera de nuestras fronteras, pero muchos jóvenes directores españoles no tienen esa suerte y ven como son valorados en el extranjero mientras en España nadie está dispuesto a darles una oportunidad. Es el caso de Nacho Vigalondo, cuyo corto 7:35 de la mañana fue nominado al Oscar en 2004 y cuyo largometraje Los Cronocrímenes fue fichado para hacer un remake en Estados Unidos antes de encontrar una distribuidora en España. “Esto es debido a que en nuestro país el cine no es una industria, sino que vive de subvenciones. En Estados Unidos, en cambio, hacer películas sí que es rentable y cada vez están más necesitados de nuevos talentos e ideas. Por eso, se llevan a tanta gente que funciona aquí”, explica Aritz Lekuona, jefe de comunicación de la Escola Superior de Cinema i Audiovisuals de Catalunya. Otros casos son J. Bayona, director de El Orfanato, que tenía agente en EE.UU. antes que aquí, Álex Pastor, que ganó un premio en Sundance con su corto La ruta natural y ya ha rodado su primera película en Hollywood, y Javier Ruiz, a quien ya le están llegando guiones de EE.UU mientras aquí no hay nadie que apueste por él para hacer un largometraje.

El teatro tampoco se libra de la fuga de talentos. Cada vez son más los dramaturgos y directores que triunfan en los escenarios de Francia, Inglaterra y Alemania, aunque el caso más evidente es el de Calixto Bieito, nuestro dramaturgo más internacional. Ha trabajado en prestigiosos centros internacionales y es célebre por sus interpretaciones radicales de óperas clásicas. Su producción Plataforma recibió grandes críticas en el Festival de Edimburgo antes de llegar al Teatre Romea de Barcelona. Ya forma parte de ese séquito de españoles que van esparciendo talento a lo largo y ancho del mundo.

 
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Número 4 - Verano 2008

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