| enfoque: coreógrafos |
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| jueves, 28 de febrero de 2008 | |||||
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Escultores del movimiento
Insuflan vida a los bailarines, aunque su trabajo sea uno de los más desconocidos del mundo de la danza. Los coreógrafos de hoy reivindican libertad, exigen más oportunidades y expresan su personal visión de la época que nos ha tocado vivir
“Uno de mis maestros una vez me dijo que dentro de la danza existen los que son grandes maestros; otros, son grandes bailarines, otros son maravillosos coreógrafos, pero sólo una pequeña minoría sabe hacer bien estas tres cosas”. Las palabras del profesor de Munique Neith, directora del Festival de Danza Oriental de Barcelona, desenredan la madeja de tareas que se confunden, chocan, se entrecruzan y a veces se fusionan dentro del mundo de la danza. Entre ellas, se distingue una labor muy especial, tal vez la más creativa, siempre con valor en sí misma: la del coreógrafo. “El coreógrafo es el creador. Normalmente lo es el bailarín que ya tiene una experiencia de la vida y llega un momento en que siente la necesidad de crear, pero hay también gente que nace con dones y a una edad temprana ya quiere coreografiar”. Es la definión de otro maestro, Víctor Ullate. “Coreografiar es una sensación maravillosa, estás flotando, tienes sensación de poder, puedes controlarlo todo”, afirma Ángel Rojas, de Rojas & Rodríguez. Tal vez esa sensación de poder llevó a los hombres de Egipto y de la Grecia Antigua a realizar las primeras coreografías para honrar a los dioses. Unos bailes que ya mostraban uno de los principales rasgos del coreógrafo: ser testigo de su tiempo. En el Renacimiento, cuando surgieron los primeros coreógrafos profesionales, la danza quería plasmar la refinada vida de la corte, por lo que el recién nacido ballet clásico buscaba la perfección en cada paso. Esto cambió a finales de la Primera Guerra Mundial, cuando los coreógrafos, sintiéndose encarcelados en un mundo desgarrado, reivindicaron la libre expresión en la danza. Llegaron entonces la influencia de bailes africanos y caribeños, las nuevas técnicas de entrenamiento como la de Martha Graham, y más tarde, la centralidad del cuerpo de la danza contemporánea, la fusión, el compromiso, el teatro-danza de Pina Bausch... La reivindicación, en definitiva, de la expresión en libertad. La travesía del demiurgo“Al encontrar mis propios códigos no me ha quedado otro remedio que ser coreógrafo, tenía la necesidad de plasmar mis inquietudes y mi visión del mundo a través del baile”, explica Miguel Ángel Berna. Y es que coreografiar es un proceso íntimo, una expresión de sentimientos y cosmovisiones a través del propio cuerpo y del de los bailarines. Por eso, una de las dificultades que encuentran los coreógrafos es hacer realidad los movimientos que tienen en la cabeza, para lo que necesitan grandes dosis de compañerismo y comunicación. ¿Pero cómo empieza el proceso del coreógrafo en la creación del espectáculo? Cada profesional tiene su técnica, aunque todos coinciden en que parten de una historia personal, “una idea, una experiencia, algo que está pasando en la calle o un sentimiento”, explica Miguel Ángel Berna. A partir de aquí y con la ayuda de la música, los bailarines y todos los recursos disponibles, van surgiendo movimientos, latidos, ambientes... que darán forma a la coreografía. Laura Kumin, directora del Certamen Coreográfico de Madrid, nos cuenta que lo esencial de éstas es “un punto de partida claro, una utilización coherente de los medios (intérpretes, lenguaje coreográfico, música, iluminación, vestuario...), la seguridad para eliminar lo superfluo y una voz propia”. Sólo así se consigue “que el público pueda ver la música y escuchar la danza”, como dice Munique Neith. Piedras en el caminoPero por mucha voz propia que tengan los coreógrafos, su camino hacia los teatros está cargado de obstáculos. “Falta de tiempo, de espacio y de medios para la creación son las principales dificultades con las que se encuentra -explica Laura Kumin-. Es díficil madurar como coreógrafo si no tienes la posibilidad de dedicarte a ello. Hoy día, sigue siendo un lujo realizar una creación sin tener que compaginarlo con otros trabajos”. Esta situación hace que muchos coreógrafos tengan que irse al extranjero para trabajar. Joaquín Cortés o Sara Baras son sólo dos ejemplos. “No es una cuestión de querer ser reconocido o no, sino más bien de poder trabajar”, afirma Asier Zabaleta, quien también “emigró” un tiempo a Ginebra. Otros, como Carmen Werner, son más optimistas: “son intercambios que se han hecho siempre. También hay gente de fuera que viene a bailar aquí”. Eventos como el Certamen Coreográfico de Madrid son atajos donde los jóvenes creadores pueden dar salida a sus producciones, por lo que en ellos puede oírse el latido de la danza del siglo XXI y su nueva idiosincrasia. “En las 21 ediciones del certamen, vemos que las coreografías tienen una mayor amplitud de mira, los coreógrafos tienen más formación y hay más comunicación con otras disciplinas”, afirma Laura Kumin. Danza, teatro, audiovisuales, estilos clásicos y contemporáneos, cercanos y exóticos se fusionan en una nueva creatividad. Tanto es así, que algunos coreógrafos, como Carmen Werner, afirman que “estamos llegando a un punto en que las disciplinas se engloban en un solo concepto: el de artes contemporáneas”, sostiene. “Una manera de transmitir” que empieza a bajar de su trono y a encontrar salidas en circuitos alternativos. “Poquito a poco se está abriendo un abanico de posibilidades en la danza. Ya no es la eterna bella, que sólo sirve para adornar, ahora es capaz de decir cosas y por ello ya no sólo la élite se acerca a ella”, afirma Asier Zabaleta. El coreógrafo acoge estas nuevas posibilidades e intenta aprovecharlas al máximo con creaciones que ya no hablan a una minoría, sino al todo el que quiera escuchar. Como dice Carmen Werner, “¿qué se puede hacer con el mar para que lo aprecie quien lo ve?, son cosas que no necesitan entendimiento, sólo hay que observarlas y dejar que se adentren en ti hasta crear tu propia historia interna”. He aquí la esencia de la coreografía...
Los profesionales hablanCuatro estilos, cuatro realidades
Reunimos a cuatro coreógrafos de disciplinas diferentes para tomarle el pulso a la actualidad de la danza en España en toda su diversidad, dar voz a sus demandas y gozar de su creatividad Es un momento dulce para Carmen Werner. En el 2007 ganó el Premio Nacional de Danza en la Modalidad de Creación y acaba de presentar su espectáculo El Privilegio de morir en el festival Escena Contemporánea. Para ella, la danza contemporánea es “una forma de vivir y un modo de transmitir sentimientos que se hace hoy día”, pero sostiene que su profesión “no es valorada ni en España ni en ninguna parte del mundo, porque se considera un arte minoritario, aunque poco a poco esto está cambiando”. Lo mismo opina Asier Zabaleta, que también participó en el festival Escena Contemporánea con su creación agujerodelavestruz , y se basa en la danza-teatro. Asier hace hincapié en que en las coreografías cada vez se hacen más fusiones entre estilos. “Quizás esto no significa que la danza en estado puro se está perdiendo, sino al revés, nos estamos acercando a ella quitando falsos artificios”, afirma. Para Miguel Ángel Berna, bailaor, en carmen werner“El nivel es cada vez mejor”
“Recuerdo mis inicios como muy difíciles y, de hecho, dedicarse a la danza todavía lo es”. Así define Carmen Werner su carrera, aunque ya es una de las figuras más reconocidas de la danza contemporánea actual: Premio Nacional de Danza en el 2007 y Premio Internacional de Danza de Onasis 2001. Afirma que en cada coreografía sigue un proceso diferente y que tampoco hay recetas para definir las buenas producciones. Sólo hay libertad. Para ella, “el nivel de España es tan bueno que no tiene mucho que envidiar a Europa”.. RecorridoEl privilegio de morir (2007)
Más información www.provisionaldanza.com
miguel angel berna“Hoy se baila sin espíritu”
RecorridoGoya (2008) Mudéjar (2003) Tierra de dragón (2003) Solombra (2001)
Más información www.miguelangelberna.com
asier zabaleta“La unión entre danza y psicología”
RecorridoElagujerodelavestruz (2008) Babia (2005) EGO-tik (2004)
Más información www.ertza.com
munique neith“La escuela más grande de Europa”
RecorridoViaje por Oriente Mabruk Las mil y una noches de Sherazade
Más Información www.muniqueneith.com
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“España tiene una riqueza cultural enorme, por eso es una pena que se valore más lo que viene de fuera, porque al final va a ser todo igual en todos los sitios”. Esta es la difícil situación que, según el bailaor Miguel Ángel Berna, atraviesa la danza española, un problema causado por la falta de valores y de educación: “en España, si la gente no conoce al artista porque no sale en TV no va al teatro”, se lamenta. Además, “se baila sin espíritu”. Para él, en cambio, “la coreografía es un lenguaje personal”. En elsuyo, las castañuelas y el movimiento son esenciales.
Su experiencia con la compañía suiza Alias ha supuesto para él “el reencuentro con mi propio estilo: sin olvidar la magia del escenario, contar cosas que van unidas directamente con la psicología humana”, explica. Un estilo que de vuelta al País Vasco ha desarrollado en su compañía Ertza Dantza. Sus producciones se caracterizan por “no preestablecer límites en cuanto a materiales, géneros o disciplinas”. Por ello, es uno de los seguidores de la danza-teatro, la danza que parte de situaciones teatrales y que incluye textos.
Munique Neith inició su carrera en Brasil, su país, pero ha sido en España donde ha realizado sus principales proezas. En Barcelona, ha abierto tres escuelas de danza oriental, una de ellas, de 600 m2, es la más grande de Europa. Además, organiza el Festival de Danza Oriental de Barcelona y dirige la compañía Yala Bina. Bailan “danza oriental de estilo egipcio y danzas folklóricas como el dabke o el khaligi”, explica. Sostiene que, en Brasil, “la danza oriental tiene una larga tradición. En España aún hay prejuicios, pero cada vez tiene mejor acogida”.