La insoportable levedad de la cáscara

Llamemos cáscara a lo desechable de cualquier expresión artística.Todo lo importante, lo auténtico y valioso, necesita de una presentación, un envase protector cuidado en contexto, en tiempo y espacio. Algo que lo acompañe, lo encuadre y lo contenga. La descompensación fulera empieza cuando esta carcasa de mil colores empieza a comerse la semilla del verdadero hecho artístico, robándole protagonismo, hasta el punto de exterminarlo.
En la música popular debemos tener presente siempre que la pirotecnia de la imagen, destellos y efectos, virtuosismo y tecnicismos, vestuarismos y actitudes decoradas y firuletes, valen la pena siempre y cuando acompañen y enmarquen lo verdaderamente valioso y fin último de todo artista... Digámoslo: ¡su arte!
Pero, ojo, se transforman en una máscara insoportable y mentirosa cuando no existe ni forma ni fondo y lo único que percibimos es el cascarón tratando de cubrir a la tristemente ausente creatividad.
Los músicos populares tenemos el desafío pendiente de devolver a las canciones el verdadero estrellato del firmamento, lo que quede en el aire y en el corazón de la gente. Los artistas vamos y venimos, pero las canciones quedan. Hasta tal punto de que el tiempo sacará del medio, primero, a los intérpretes y, luego, a los compositores cuando figuren nuestras canciones como anónimas.
Aunque sabemos de sobra que no existen canciones anónimas, así será cuando el tiempo conserve lo valioso y prescinda olímpicamente de la cáscara, la moda y la actitud, cuidando como diamante lo único que importa y sobrevuela el tiempo: la obra de arte. Ésta es nuestra verdadera misión y será nuestro legado. La fusión entre poesía y música es la palabra cantada, la canción. Recemos juntos por recuperar la esencia mínima y sublime del significado de la canción y saquemos de enmedio a la cáscara dura, incómoda y pretenciosa, que nos impide llegar al corazón del asunto. |