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miércoles, 24 de octubre de 2007

El sonido de la contracorriente

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Apuestan por la calidad, ponen a prueba su imaginación para grabar con pocos recursos y, a pesar de la crisis de la industria, viven un momento creativo imparable. Son los grupos independientes, la música salvaje del espíritu underground

 “Desde el principio de los tiempos existe la música independiente. Cada cierto tiempo, según las circunstancias, nace, muere, renace, se transforma y vuelve a surgir con más o menos fuerza y creatividad”, dijo en una ocasión Jesús Ordovás, reconocido crítico musical. Ese principio de los tiempos nos traslada a los felices años 20 en EE.UU., cuando las grandes discográficas americanas empezaron a ser desafiadas por pequeños sellos llamados “independientes”, especializados en la música de raza (blues y jazz). Con el crack del 29 la mayoría de estas compañías acabaron en bancarrota, y esta música “diferente” fue apartada de las grandes radios. Fue en los años 50, con la aparición de un nuevo sonido llamado rock’n’roll interpretado por artistas negros como Little Richard, cuando volvió a cobrar fuerza. A finales de los 80, el término “independiente” pasó a denominar todo tipo de bandas pop y rock que basaban su música en la experimentación, haciéndose popular con el legendario éxito de Nirvana.

 

“Actualmente, lo inaudito del fenómeno independiente es que en él cabe cualquier cosa: música electrónica, acústica, jazz, pop, rock...”, explica Marcos Collantes, del sello Mushroom Pillow. Las bandas independientes se caracterizan porque “se alejan de los circuitos comerciales y utilizan criterios de calidad un poco más exigentes”, opina Antonio Agredano, del grupo Deneuve. Aunque a veces tengan que hacer “pactos con el diablo” para sobrevivir, estos grupos huyen de los grandes medios y publican álbumes en discográficas pequeñas, “en las que se necesita mucha imaginación para lograr tocar la melodía que se tiene en la cabeza con pocos recursos”, explica.
Deluxe, Sidonie, Sunday Drivers, The Mistake, Tokyo Sex Destruction, Nueva Vulcano... son testimonio del buen momento creativo en el que se encuentra la música independiente española. Sin embargo, a pesar de que haya muy buenos grupos, las circunstancias que les rodean son adversas. “Tocar en salas es muy difícil, grabar un disco es muy caro y estar en una discográfica no te da muchas ventajas”, resume Padi, de Sibyl Vane. A todo ello hay que sumarle el cataclismo de la industria discográfica, un desalentador panorama en el que cada vez se venden menos discos y hay menos sellos.     
La llegada de las nuevas tecnologías ha cambiado por completo la forma de hacer música. Ya no hacen falta grandes recursos ni conocimientos: de un ordenador y un condensador pueden nacer canciones increíbles. Esto ha propiciado la aparición de incontables grupos, pero en el mercado de la música no hay espacio para todos. El primer problema que se encuentran estas bandas es la falta de un circuito de salas independientes de calidad. “Los alquileres son caros, las condiciones pésimas y a veces hay colas de espera de tres meses. Es como los pisos, ¡no se puede!”, explica Padi de Sibyl Vane. Otro de los problemas es la ausencia de radios alternativas. En cuanto a los festivales, “no ayudan a nadie: a los grupos españoles les pagan fatal o no les pagan, y los ponen a las cuatro de la tarde cuando aún no hay público”, afirma Padi.
Todo ello hace que “hoy por hoy, la única forma de vivir de la música es o pegar un pelotazo en un anuncio o que te fiche una multinacional”, explica Antonio Agredano. ¿Por qué se da esta situación en España cuando la música independiente es un fenómeno masivo en otros países? “Lo que pasa es que en España hemos adoptado el rollito “Mueve tu cu cu” y los grupos buscan el éxito inmediato con unas fórmulas que apestan”, explica Marcos de Mushroom Pillow.  En otros países, la música independiente se oye en las radios masivas y todo el mundo la conoce, pero en España “parece que las canciones sólo se valoran por ser un complemento de la fiesta”, afirma Marcos. Ésa es la principal misión de sellos como el suyo: hacer que la música independiente deje de ser
marginal y llegue por fin a todo el mundo.
Pero a pesar de estas adversidades, la música alternativa busca otras vías para hacerse un hueco en el panorama musical. Una de ellas es la autoproducción. Es el caso de Standstill, que, tras 10 años de carrera decidieron abandonar BCore para construir “su propia casita”: “Ahora hay menos sellos y con menos dinero, por lo que cada vez es más importante que el grupo pueda autogestionarse”, afirma Enric Montefusco. Según éste, quizás ha llegado el momento en que hay que replantearse el papel de las discográficas en la vida de los grupos.
Otra de las plataformas alternativas a través de las que la música independiente se difunde es Internet, que da a las bandas una publicidad inmediata y la posibilidad de hacer valiosos contactos. La red está acabando con el “elitismo cultural según el cual sólo podía hacer música quien tenía el derecho bendito de alcanzar una discográfica”, según Antonio Agredano. Pero a la vez crea una maraña de grupos entre los que es muy difícil distinguir quién es bueno y quién no. “Ése quizás será el gran cambio de la música: ya no habrá un grupo con un millón de fans, sino 100 grupos con 100 fans”, opina.
Sea como sea, a pesar de los obstáculos con que se ha ido topando, la música independiente siempre ha logrado la manera de seguir adelante, “con más o menos fuerza y creatividad”. Músicos como La Shica lo tienen muy claro: “¿Qué es ese dramatismo? Dedicarse a la música independiente es tan difícil como cualquier otra profesión. ¡Nadie te regala nada en esta vida! Pero si eres honesto y trabajas duro, sales adelante. Siempre hay muchas puertas por las que llegar a un mismo destino”.

por Vanesa Sánchez

 
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Número 4 - Verano 2008

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